Sus labios aún hormiguean contra los míos cuando se aparta, sin aliento. La agarro de las caderas como si tuviera miedo de que fuera a esfumarse si la suelto.
Examino su rostro. —¿Por qué has hecho eso?
—¿No te ha gustado?
Suelto una risa contenida. —Maldita sea si no me ha gustado. Solo pensé que estabas cabreada conmigo.
—Lo estaba. —Baja la mirada un momento y su voz se vuelve más suave—. Realmente no debiste hacer eso ahí fuera. He estado llevando una vida tranquila desde que conseguí este