Capítulo 40. Jugando a confundir sentimientos
Dos horas después de salir de la cabaña, y tres horas de camino, porque se habían detenido a comprar en una gasolinera, de nuevo, llegamos a una hermosa mansión de dos plantas. Sus paredes estaban pintadas de color salmón, las ventanas eran gigantescas, parte de aquella enorme casa estaba hecha de cristal y al fondo parecía haber una zona verde. Gozaba de un patio gigantesco en frente, estatuillas de gnomos cerca de la entrada y un hermoso césped podado.
—¿A dónde estamos? —preguntamos a la vez