Aria despertó esa mañana un poco desorientada y es que al abrir los ojos, se dio cuenta de que Maxwell no estaba a su lado. El corazón le dio un vuelco al darse cuenta de que aún seguía en la habitación de Maxwell y que, de alguna manera, había perdido la noción del tiempo.
Aria pensó en los trillizos y se alarmó. De un salto dejó la cama y apresurada se dirigió hacia la cocina. Al abrir la puerta, se encontró con Maxwell, quién estaba de pie frente a la estufa, cocinando algo que olía delicio