Máximo se sentó en su oficina, rodeado de un silencio inquietante que le otorgaba una extraña tranquilidad. Había tomado una decisión que cambiaría el rumbo de su vida y, sin duda, el de Aria. La certeza de que ella no podría revelar su secreto a Maxwell le otorgaba una paz que no había sentido en mucho tiempo.
—Esto es lo mejor, —murmuró para sí mismo, mientras aparecía una maligna sonrisa en su cara.
Había contratado a un sicario, un profesional que se encargaría de eliminar cualquier amena