El tedioso tráfico puso de mal humor a Maxwell esa mañana, que conducía con dirección a casa de sus padres. Tocó varias veces el claxon, como si eso de alguna manera iba aligerar las largas colas. No ocurrió.
—¿Sí?
—Buenos días señor Maxwell, se me hace un poco extraño que todavía no haya llegado al trabajo, le estoy llamando porque me he preocupado un poco.
—Buen día, Amanda. Descuida, solo tengo otros asuntos temprano, estaré allá como al mediodía más o menos.
—De acuerdo, señor.
Colgó.