Dentro de un antiguo almacén, las manos de Sharon estaban atadas a su espalda mientras yacía en el suelo. Justo a su lado estaban los matones que la habían secuestrado.
"Te lo digo, deja de luchar. Es inútil…”. Los matones se rieron sin vergüenza y con malicia.
“¡B*stardos! ¡Suéltenme! ¡Si me ponen un dedo encima, ya verán lo que les pasará!", Sharon los miró y reclamó exasperada.
"Pff. ¿Te crees de la nobleza? ¿O quizás una princesa pura? ¿Crees que no podemos tocarte? ¿Ah?".
Los matones co