Justo entonces, Lennon detectó el tono burlón en la voz de Quincy. No le preocupaba en absoluto si estaban cansados o no.
El hombre bajó la cabeza y peló la manzana con atención. No tenía intención de seguir hablando con ella.
"Deja que la pele yo sola. Tus manos no están limpias". Quincy, como era obvio, alargó la mano para tomar el cuchillo.
Lennon no pensó mucho en ello. Solo se sintió ligeramente aterrorizado. Le entregó el cuchillo y la manzana a la vez.
Sin embargo, Quincy se lim