Bang, bang, bang… El sonido de los disparos era ensordecedor, y era imposible darse cuenta si alguien había resultado herido.
Diana estaba tan desesperada que comenzó a llorar mientras buscaba sin éxito un lugar para esconderse.
Jesse no logró dispararle a Simon y sintió que el odio rebullía dentro de él. De repente, se dio cuenta de que Diana estaba escondida en un rincón. El odio en sus ojos se hizo evidente cuando agarró a Diana y apuntó el arma a su cabeza. Luego le gritó al lado opuesto: