Eugene no se fue. En cambio, le ordenó a sus hombres que le llevaran un conjunto de ropa nueva. Él luego se tomó una ducha en el baño de la sala y se puso la nueva ropa que le llevaron. Sin embargo, él siempre había dado prioridad a su aspecto. Él se afeitó la barba incipiente que le había crecido después de días sin asearse y volvió a su habitual apariencia elegante.
No obstante, sus ojos enrojecidos seguían siendo una señal de que no había dormido lo suficiente. Aunque ese era el caso, todos