“¡No! ¡Seguiré el apellido de mi mami!”. Rue se lanzó a los brazos de su padre con tristeza e hizo un puchero con sus pequeños labios antes de decir: “Papi, no quiero cambiarme el apellido”.
“Papi no te está pidiendo que te lo cambies”. Eugene no había insistido ni una sola vez en esto, pues ella ya era su hija.
“¡Qué absurdo!”, regañó Quinn. La persona a la que estaba regañando en ese momento era Eugene, pero Rue pensó que era con ella. La pequeña niña estaba tan aterrorizada por la expresi