Isabella sonrió con tristeza.
—Nada. —Su voz fue un suspiro—. No le dije la verdad. No podía.
Valeria frunció el ceño, notando la tensión en su tono.
—¿Qué verdad, Isa?
Isabella dudó un instante. Luego, con voz apenas audible, confesó:
—No puedo tener hijos, Valeria. Los médicos fueron claros: