Valeria se puso de pie de un salto. Los ojos le ardían con las lágrimas retenidas, el rostro encendido por una mezcla asfixiante de vergüenza e ira.
—¡¿Cómo se atreve a calumniarme de esa manera?! ¡¿Quién demonios se cree que es?! —le gritó, perdiendo por completo la compostura—. ¡Con quien yo me ac