La sala entera contuvo el aliento. En la voz de Valeria se podía sentir, a flor de piel, el dolor, la desesperación y la desgarradora impotencia que había experimentado esa fatídica noche.
—No pude hacer nada... —Confesó Valeria, con los ojos completamente aguados pero fijos en el jurado—. No pude h