—Señor Castillo, los cabos están atados en el juzgado, pero el ala de la fiscalía se ha mantenido sospechosamente silenciosa. Sin embargo, con el juez de control de nuestro lado, cualquier prueba que presenten mañana los Salazar será desestimada antes de que puedan siquiera abrir la boca.
—Eso es lo