—Ya te lo dije. Porque me salvaste la vida.
—No me venga con esa m****a —espetó Matheo, desviando la mirada hacia la ventana—. Usted odiaba a Isa. La trató como si fuera basura, como si no fuera digna de su perfecto y millonario hijo. Y ahora resulta que es la santa protectora de los Navarro. Es hip