Enrique ya estaba riéndose, acomodándose en su asiento con los ojos brillando de pura diversión ante el semblante rígido de Dereck. Después de todo, no siempre podías burlarte del gran Salazar, además de que reírse y relajarse era bueno para lo que venía después.
—Habla de una vez, Enzo —le urgió, d