Cuando finalmente llegó frente al grupo, abrió los brazos con falsa cordialidad.
—Esteban, Héctor… siempre es un placer verlos.
Héctor respondió por mera educación.
—Lorenzo.
Esteban hizo lo mismo, aunque la tensión en su mandíbula era evidente.
—Castillo.
Dereck, en cambio, no dijo una sola palabra