—Grita todo lo que quieras, Valeria —dijo él con una calma gélida mientras empujaba la puerta para salir al aire frío de la noche—. Pero de aquí te vas conmigo, así tenga que aguantar tus berrinches hasta llegar al hospital.
Valeria siguió golpeándole la espalda con los puños mientras Enzo avanzaba