Su tono era burlón, un mecanismo de defensa que siempre le funcionaba con él. Le dio un suave golpe en el brazo, esperando desviar cualquier sospecha.
Enrique soltó una carcajada baja y le revolvió el pelo con ese cariño brusco de hermano mayor.
—Cuidado, pequeña —advirtió él con una sonrisa travies