Dereck no se movió.
Seguía sentado al borde de la cama, sosteniendo la mano de Isabella entre las suyas, como si al soltarla todo volviera a ser una pesadilla. Sus dedos acariciaron los de ella con cuidado, jugando con el anillo de bodas que brillaba en su dedo.
—Hola, mi amor… perdón por llegar tar