Se inclinó apenas, su voz bajando a un susurro frío.
—Vas a desaparecer.
El hombre cerró los ojos con fuerza.
—Yo… yo no.
El golpe de Enzo fue rápido.
Directo al abdomen.
Sin esfuerzo.
El aire abandonó los pulmones del hombre en un jadeo ahogado, doblándolo sobre sí mismo.
—Habla —ordenó.
Matheo gol