—Eres… una maldita perra —siseó Valeria con un hilo de voz—. Vas a pagar… por cada cosa que has hecho.
Gimena se quedó estática un segundo, con el rostro manchado. Sus ojos se encendieron en una furia demencial. Sin decir palabra, lanzó un golpe seco que impactó en la mandíbula de Valeria, mandando