Isabella no pudo más. Se lanzó a sus brazos en un salto impulsivo, rodeando su cuello y besándolo con una desesperación dulce. Dereck la atrapó en el aire con reflejos de acero, sosteniéndola firmemente para que no perdiera el equilibrio.
—¡Cuidado! —chilló Valeria desde un rincón, medio asustada,