—No tengo mucho tiempo. Habla.
Al otro lado de la línea, escuchó un suspiro pesado, una mezcla de frustración y alivio.
—¿Por qué no contestabas mis llamadas, Valeria? —la voz de Enzo sonó ronca, cargada de una urgencia que ella no esperaba—. He estado semanas buscándote. Estaba preocupado, maldita