Isabella soltó una risita mientras tomaba su té. —Buenos días, Val. Parece que te peleaste con una bandada de pájaros salvajes antes de bajar.
Valeria esbozó una sonrisa cansada. —No lo dudes, nena. Así me siento: como si me hubieran picoteado entera.
La mucama colocó el desayuno frente a ella y un