Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl reloj de pie en el pasillo marcó las horas mientras Valeria e Isabella permanecían refugiadas en el sofá. El chocolate ya se había enfriado, pero la presencia de su amiga era el único calor que Isabella realmente necesitaba. Cuando la noche se hizo profunda, Isabella miró el ventanal y luego a Valeria, que empezaba a mostrar signos de cansancio.
—Val, es muy tarde —dijo Isabella con suavidad—. Le pediré al chofer que te lleve a casa. No quiero que conduzcas a estas horas por la ci






