277. Las tres Muertes 4
Alfa Leandro Costich
No sabía cómo reaccionar, veía mi pequeño Lisandro aguantar y morderse las lágrimas, que corrían por su rostro. El dolor debería de ser insoportable, un adulto no aguantaba una mordida de un salvaje sin quejarse y mi hijo, en silencio resistía sin gritar, sin llorar, sólo miraba como las sanadoras, curaban su brazo.
-estarás bien pequeño, ya verás que pronto estarás de regreso a tu rutina, solo te quedara una cicatriz-decía una de las sanadoras, tratando de limpiar todo el