17. Sorpresa, sorpresa.
Adamo
Hoy era el día, retaría a padre y finalmente me haría cargo de la manada. Mario y Demetrio estaban listos y avisados, al igual que los guerreros leales a mí. Entre a mi oficina, para terminar con algunos detalles, sin mirar que ya estaba ocupada. Cuando escuche un carraspeo y levanto mi cabeza veo a padre, sentado en mi silla mirándome feliz.
-Adamo, mi heredero, ¿como has estado hijo?-pregunto padre.
-¿qué haces aquí?-pregunte sin rodeos.
-bueno, creo que tenemos que aclarar algunas cosa