Me sentaron en una oficina llena de espejos. Había vivido muchas cosas, pero eso realmente era lo más tenebroso que había pasado.
Jamás pensé estar presa, y mi inglés aún era insuficiente para entender todo lo que entraba a decirme la gente. De una u otra manera lo agradecí. Estaba bloqueada, pero eso me ayudó con tiempo para que Nicholas me buscara un abogado.
Un hombre con traje, moreno y con acento latino entró al lugar. Se sentó frente a mí y empezó a hablar:
—¿Usted sabe por qué está aquí?