—El ánfora siempre la tuve yo. Se enterró, pero después entré en dudas.
—¿Y por qué guardarías a un muerto? Y que más encima, es el ex de tu esposa... —preguntó Renato.
—No lo guardé por ser el ex de mi esposa, Renato. Lo guardé pensando en que en algún minuto alguien iba a querer tenerlo, pero me equivoqué. Nunca nadie vino por él.
—¿Cómo te enteraste que fuimos al cementerio? —pregunté.
—Fácil, contrataron al mismo hombre que tengo contratado para que espíe quién va a esa tumba. Son los único