Me costaba una agonía tocarla sin sentir que algo corría por mis dedos, sin percibir su aroma y sentir que me volvía loco, sin desear algo que no estaba estipulado.
Después de tomar una única fotografías, ella subió la escaleras para ir a quitarse ese hermoso vestido que entallaba a la perfección sus curvas. Jade se estremecía cada vez que colocaba mis manos sobre su cuerpo, su cintura, o sus brazos, no sonreía no era necesario, era perfecta y fina, frente a la cámara.
Un par mujeres de servici