Muestro una sonrisa llena de tristeza, recordando que todo el batallón siempre se las arreglaba para celebrármelo. Mas, hoy, no tengo a nadie querido conmigo. De repente toman mi rostro y me plantan un beso en los labios, el sabor a licor es fuerte y sin darme cuenta abro la boca por más. Mi cuerpo se calienta al momento, si por mí fuera abriría mis piernas justo aquí, sin embargo, me detengo asombrada por mi impropio pensamiento. Él me mira, es evidente que ambos queremos más, pero he roto un