Sahar
Luego de esa noche amanecí hinchada, tuve que ponerme hielo, la cocinera se asustó al verme. Yo solo pude reírme y tratar de verme algo mejor para ir a trabajar. Después de desayunar estoy lista para irme, pero todo mi ánimo se cae de un tirón cuando la misma rubia de anoche se para frente a mí y me saluda.
—Buenos días, debes ser la señora Batiosta, ¿verdad?
Es increíble lo hermosa que es y lo fácil que sonríe, no veo una pizca de maldad en ella.
—Buenos días, llámame Sahar, por favor.
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