Capítulo IX. Un contrato de por vida.1
Edward.
Nunca había perdido el control así, en mi vida, hasta mi deseo estaba sometido a un control exhaustivo, pero desde la primera vez que toqué a esta mujer, nada de lo que hacía era normal en mí. No era normal que pensar en ella, me volviera tan loco que la necesitara como el comer, que me urgiera tenerla a mi lado. No era normal que tocarla me hiciera querer detener el tiempo para que todo fuera más lento y disfrutar de cada caricia, cada gemido, o cada suspiro que le arrancaba, hasta el p