55. A SALVO
Estás a salvo, ya nadie te hará daño
SOFÍA
La luz, aunque es baja molesta mis ojos como aguijones, parpadeo varias veces para acostumbrarme a ella. Me estremezco, mi mente evoca el foco que iluminaba aquella habitación.
—¡No,no,no! —mi voz alterada sale con un sollozo. En mi mente solo se repiten las escenas con ese hombre y pensar que aún estoy ahí, me quiebra, me destruye —No, no, quiero morir, quiero morir —Mi llanto desgarrado sale sin control.
La voz de alguien que me dice que esto