Mundo ficciónIniciar sesión—Señora, ¿le gustaría comer algo? —preguntó una de las empleadas, visiblemente preocupada porque, desde hacía varios días, el estado de ánimo de la dueña de la casa, Marcella Jacob, era muy malo. Con frecuencia se saltaba las comidas. Pasaba largas horas encerrada en el despacho y, cuando estaba con Andy, tampoco permanecía mucho tiempo a su lado.
El rostro de Marcella también reflejaba una enorme presi&o







