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Sus dientes raspaban mi cuello llegando hasta el mentón, aquellas manos divinas rodaban por mi delgada espalda y sus muslos eran el sostén de mis nalgas, mientras mis piernas estaban envueltas en su torso.

Aquellas suaves manos se envolvieron de mis hombros y los afilados dientes apretaron mi labio inferior y lo templaron con suavidad al mismo tiempo me empujaba desde ahí para embestirme con suavidad llevándome al paraíso.

—A…di…el—, tartamudeé en un susurro cuando me recostó en la cama y volvió a entrar en mí, llenado mi núcleo con su vigoroso y exquisito miembro, y cuando se empujó, cuando me embistió gimoteé completamente excitada.

Nunca pude olvidar su toque, besos, caricias, gruñidos, exhalación rápida, áspera y agitada, sus contundentes embestida, susurros de un te amo a mi oído. Lo de regarse en mi interior era nuevo, una nueva experiencia la cual ha sido exquisita y placentera. Joder, esto era el mismo paraíso, estar en sus brazos era como alcanzar la gloria y ser dueña del un
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