Mundo ficciónIniciar sesiónA partir de ese día, de esos besos, esas caricias y esos roces en la despensa de mi abuela, vivíamos en tensión, queríamos estar todo el tiempo en los brazos del otro, besándonos, pero sin llegar a nada más.
Sabía que ambos lo deseábamos, pero también sabía que él no quería hacerle daño al bebé con su forma tan salvaje de hacer el amor.
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