Por la mañana el móvil no deja de timbrar desde muy temprano, termino levantándome cabreado para poder cogerlo. Me suelto de la pulga que está aferrado a mi brazo izquierdo y Lazzarini que sujeta mi mano. Entre ambos sería imposible salir de aquí desprevenido, espero no sea de familia dormir de esta manera.
Son las seis de la mañana, el móvil está lleno de notificaciones, de Leila, Fiorella Machado, Devoni y otros números que no reconozco. Me alejo de los dos que duermen para no perturbar su s