Fausto todavía duerme cuando despierto a las cinco y treinta de la mañana. Como siempre está abrazándome por la cintura y con la cabeza metida en mi cuello, quizás terminaré acostumbrado a esto.
Trato de no despertarlo cuando me muevo pero es imposible, me sostiene con fuerza como si estuviera escapándome de él. Vuelvo a verle pero esta profundamente dormido. Incluso en sueños trata de controlarme. Ha. Eso no podrá lograrlo. Al final tengo que soltarme de él aunque gruñe entre sueños, me termi