Mi querida enemiga. Capítulo 5. Heridas del corazón.
Foster Lewis
Salí de allí con el corazón destrozado, no podía creer que siendo un hombre maduro, abogado, que había ganado casos millonarios, ahora me había dejado usar con una chiquilla manipuladora y calculadora, estaba molesto conmigo mismo, queriendo acabar con todo a mi paso.
Llegué al edificio donde estaba mi oficina, tenía tantas ganas de sacarme la frustración que no me importó la forma de hacerlo.
Conmigo trabajaba una abogada que había pasado meses coqueteándome, y como no me gustaba