Capítulo 29: Miradas endurecidas.
Von Dimitrakis
Si las miradas fueran misiles, seguro en este momento estaría bombardeado por las miradas de enojo que me lanzó Alexandra, la vi apretar la boca en una fina línea de evidente molestia, la cual decidí cobardemente ignorar.
Me acerqué a ellas y cuando Cathe apenas me vio extendió los brazos hacia mí.
—¡Papi viniste! Te dije que esa vieja de tu madre y tu hermana eran unas brujas… ¿No hay alguna posibilidad de que no sea tu madre, para que no sea mi abuela? ¿Qué te hayan recogido e