Capítulo 32. La prisión de la verdad.
Carolina se quedó sola en la habitación, sintiendo cómo las lágrimas corrían por sus mejillas. El silencio que siguió a la salida de Lisandro era ensordecedor. Se sentó en el borde de la cama, tratando de procesar todo lo que había pasado.
"¿Cómo llegamos a esto?", pensó, recordando aquellos pocos, pero felices momentos que alguna vez compartieron.
Carolina se revisó buscando su móvil, pero luego recordó que se lo había dado a su madre, suspiró con impotencia. Cerró los ojos, maldiciendo su ma