Capítulo 27. La confrontación.
El ambiente en el restaurante se tornó tenso, como si el aire estuviera cargado de electricidad. Eliot, con el corazón latiendo con fuerza, se levantó de su asiento, su mirada fija en Lisandro. La rabia burbujeaba en su interior, no podía permitir que ese hombre hablara así de Carolina.
Su mirada se posó en Lisandro, quien se había atrevido a señalar a Carolina con desdén.
—¡No puedes hablar así de Carolina! —exclamó Eliot, su voz resonando en el aire como un trueno.
El enojo burbujeaba en su