Capítulo 26. La tormenta de Lisandro.
Lisandro miró con desprecio la tarjeta de invitación, su ira burbujeando en su interior, como la fuerza de un volcán.
—¡No puedo creerlo! —exclamó con una expresión de sorpresa, sintiendo cómo la rabia le nublaba la razón.
La tarjeta cayó de sus manos, aterrizando suavemente sobre el escritorio. Lisandro se quedó inmóvil, sintiendo como si la tierra se moviera bajo sus pies.
"Carolina... se va a casar", pensó, la idea lo golpeó con la fuerza de un mazo.
Una mezcla de emociones lo invadió: rabi