Capítulo 164. Una mujer de palabra.
Lisandro entró a su habitación con pasos pesados. El agotamiento no era solo físico; lo sentía en el alma. Había recuperado a Trina, pero la tensión de los últimos días había drenado cada gota de energía que le quedaba.
Se dejó caer en el borde de la cama, quitándose la camisa y arrojándola al suelo. Sus zapatos y pantalones siguieron el mismo destino. Sin preocuparse por recoger nada, se dirigió al baño, donde el ruido del agua de la ducha comenzó a llenar la habitación.
El vapor pronto invad