Capítulo 120. Fuego y Orgullo.
Inés se sacudió bajo el peso de Enrico, intentando recuperar el control de la situación. Pero él era fuerte, demasiado fuerte, y la intensidad de su mirada la desarmaba. Los labios de Enrico se movían con una precisión devastadora sobre los suyos, y aunque quería gritar, lo único que logró fue un gemido ahogado que traicionó su voluntad.
—¡Enrico, suéltame! —logró articular finalmente, su voz ronca por la emoción contenida.
Él se detuvo, pero no se apartó. Su rostro quedó a centímetros del de e