Capítulo 108. Encrucijada.
Enrico mantuvo el arma en alto por unos segundos más, su mano temblando ligeramente. La tensión en la habitación era palpable. Finalmente, bajó el arma lentamente, y su rostro, una máscara de emociones contradictorias.
—Maldita seas, mujer —gruñó, pasándose una mano por el cabello con frustración—. ¿Por qué tienes que hacer todo tan difícil?
Inés soltó el aliento que no sabía que estaba conteniendo, pero mantuvo su postura firme.
—Porque estoy luchando por mi hijo, Enrico. Igual que tú.
Tomasso