Acostados en nuestra nueva cama, entrelazados de una forma espectacular, dprmimos un poco, despertando ya entrada la noche.
—¿Cómo organizaste lo de Liesje?
A Maël le gustaba poner su cabeza sobre mí. Bien sea en mis piernas o sobre mi abdomen.
Despegó su cara de entre mis senos y se alzó para mirarme con soñolencia.
—¿Joao te contó que fui yo?
—Sip.
Sonrió de medio lado y se removió hasta quedarse boca arriba. Pasó una mano por su cara.
—No creo que te haya contado todo. —Acomodó su almohada