«Respira, Delu, respira».
La tienda de Catalina se iluminó en mi camino como un obstáculo de juego y pasé frente a ella como alma que lleva el diablo.
«Aquí estoy. Tienes menos de 20 minutos».
La casa de Nikko estaba abierta de par en par, como siempre. En cambio la casa del frente estaba completamente cerrada, parecía no haber nadie. « ¿Maël estará aquí en Viana?»
Parada bajo el umbral de la puerta principal de la casa de Nikko, el sonido de los Móviles colgantes rellenó mis oídos con dulces m